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Los guayacanes vuelven a florecer y pintan de amarillo el paisaje de Ecuador

08 de Enero de 2018 - 08:22
Los guayacanes florecen cada año y cambian el paisaje de Guayaquil.

En Guayaquil se ha convertido en una tarea complicada encontrar a alguien que se detenga para admirar a los Guayacanes, que justamente con las primeras lluvias en estos días de invierno empiezan a vestirse con su mejor traje: las flores amarillas.

Texto y fotos: César Muñoz

Guayaquil, 8 dic (Andes).- La cotidianidad de nuestra vida citadina va ganando terreno y redunda en que muchas veces estos milenarios árboles pasen inadvertidos.

Han estado allí por muchos tiempo, algunos incluso antes de que naciéramos. Aunque solo una vez al año nos deslumbran con su belleza y color, hacen de ello un maravilloso espectáculo que para algunos transeúntes de la ciudad pasan desapercibidos.

Entre la última semana de diciembre y las primeras de enero es común escuchar hablar de su belleza,  su naturaleza, su esplendor, pero sobre todo de su color. Las invitaciones no se hacen esperar y varios cantones comienzan a promocionar sus atracciones.

En Mangahúrco, Bolaspampa y Sabanilla parroquias de los cantones Zapotillo y Celica, ambos en la provincia de Loja, cada año esperan la visita de alrededor de 4 mil turistas que llegan a observar este hermoso atractivo natural, donde además se pueden realizar diversas actividades como caminatas, cabalgata y ciclismo rodeados de un bosque seco natural que deslumbra con su majestuosidad.

La hacienda Las Habras, ubicada a 90 kilómetros de Guayaquil, en el cantón Colimes, en la provincia del Guayas, cuenta con un sitio de conservación de 11 hectáreas, un atractivo turístico que para los colimeños se ha convertido en un símbolo de la cultura montubia, que permite acoger a turistas nacionales e internacionales.

Durante el recorrido por el sendero, se puede aprovechar el avistamiento de aves, montaje a caballo, visitar el museo de objetos tradicionales del campo y recorrido en bicicleta. A lo largo del mencionado sendero, se adecuaron estaciones de descanso, un Centro de Salud, una Unidad de Policía Comunitaria y espacios para la venta de artesanías.

En cambio, en Guayaquil, se ha convertido en una tarea complicada encontrar a alguien que se detenga para admirar a los Guayacanes, que justamente con las primeras lluvias en  estos días de invierno empiezan a vestirse con su mejor traje: las flores amarillas.

Con la expansión urbana, sembríos, incendios forestales y la tala se ha mermado la población de guayacanes, sin embargo aún hay lugares donde una que otra “mancha” amarilla se destaque con su belleza, pero que no son admiradas por los cientos o miles de transeúntes que diariamente pasan por el lugar, en su mayoría por desconocimiento.

En el sector Santa María de las Lomas, frente a la cdla. Ferroviaria, al norte de Guayaquil, se pueden observar como unos cuantos árboles pintan de amarillo su entorno cada año. Ana Luisa Sánchez, lleva 60 años viviendo en el lugar, comenta que debido a la regeneración urbana que se dio en octubre del 2010, la municipalidad de Guayaquil cambio las arboledas de Guayaba, mango y limón por los Guayacanes.

Mientras algunos vecinos se muestran molestos porque dicen que las flores ensucian el lugar y que les toca barrer hasta 3 veces al día, otros como Pedro Jalca, lo ven como algo muy bonito, en medio de tanto carro que cruza por aquí, tener árboles es algo beneficioso hasta por salud, acota.

En el norte, en la calle Luis Cordero Crespo, al pie del Colegio Aguirre Abad, junto a las salas de velaciones de la Junta de Beneficencia de Guayaquil,  avenida de las Américas, en la entrada a los túneles del Cerro Paraíso,  en las laderas del Bosque Cerro Colorado, atrás del colegio Dolores Sucre y en varios sectores de Urdesa, podemos observar como un manto de flores cubre cual alfombra de pétalos su entorno y diferencian al Guayacán de los demás arbustos.

Este florecimiento trae consigo nuevas sensaciones, mientras se afirma que tiene un significado de riqueza y felicidad que lamentablemente pasa desapercibido en Guayaquil.

Ahora el florecimiento de los guayacanes es una atracción turística que ha tomado fuerza en el país hace poco más de cinco años y que espera cada año a ecuatorianos y turistas.

cm/yp

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